1. PORQUÉ LA LUNA NO TIENE LUZ


Desde tiempos remotos la luna tenía luz propia. La perdió por un engaño que le hizo el Sol. Ella era muy luminosa, aún más que el astro Rey.
Éste, que estaba muerto de envidia, le dijo un día:
—¡Oh, amiga, comparado contigo qué poca luz tengo! ¡Cómo sufro al ser el astro Rey por mi privilegiada posición y ser uno de los que menos luz tiene!
—¿Pero qué puedo hacer yo? —respondió la Luna.
—Cepillar fuertemente tus cabellos dorados hasta que disminuya su luz,—explicó el villano fingiendo tristeza.
La Luna vaciló un poco, pero el otro con dos o tres boberías más la convenció.
Ella así lo hizo hasta quedar como un astro opaco, lo que es actualmente.
Los demás astros se enteraron y obligaron al Sol a darle de su luz. Por eso en la noche lo que vemos es el reflejo de su luz en la Luna.
Por Marais Diana Miralles Carty.


2. LA COMPUTADORA QUE UN DÍA NO PUDO SUMAR


Érase una vez, no hace mucho tiempo, una pequeña computadora como cualquiera, claro, a primera vista. La computadora trabajaba en una gran casa, donde sus dueños, Doña Cleopatra y Don Julio César, la amaban, la cuidaban, la divertían con jueguitos, la ponían a hacer dibujitos, a armar rompecabezas, a resolver acertijos, y a hacer cartas, especialmente amistosas. Pero resulta que en la computadora había algo que ninguna otra tenía: una cosa que vivía dentro de ella y que era la que sumaba y resolvía todo. Ese “cerebro” se llamaba Sistemilla y él era muy feliz.
Un día agarró una terrible enfermedad: la electrovaricelious y Sistemilla se dijo para sí:
—No resistiré tantas semanas sin poder hacer nada, no creo que pueda aguantarme la electrocomezón.
Así es que fue con un afamadísimo doctor: el Dr. IBeMazo para que lo curara pero... ¡Oh, calamidad! El doctor necesitaba la computadora para poder curarlo.
—¿Cómo le haría en este caso Electro Holmes? (Electro Holmes era el héroe de Sistemilla).
—No la puedo traer porque es requete bien pesada, pero... puedo recurrir a mi astucia como hace Electro Holmes. Mmm... ¡Ya sé!, iré a ver a Tractor que es el esposo de mi gran amiga Grúa.
Sistemilla gastó tres cuartos de tanque en llegar con su amigo. —Cuando llegó lo saludó así:
—¡Oh fuertísimo, oh rudísimo pero lelísimo Tractor!, ¡necesito que me hagas un favor!
—¿Cuál? —preguntó Tractor.
—Que entres a mi casa y saques a mi querida computadora que es mi hogar. ¿Si me lo harías?
—Claro que sí, pero hay un inconveniente; yo no puedo controlar mi fuerza, puedo hacer destrozos en tu casa y hasta puedo hacer un desastre desastroso en tu hogar, que es la computadora.
—Tienes razón, de todos modos, ¡gracias!, ¡Uff! ¡Siempre me tiene que pasar esto a mí!
Sistemilla salió de ahí con sus reservas casi vacías, pero se salvó de puritito electropanzaso porque alcanzó a llegar al transformador y merendó... mejor dicho, devoró seis platos de blanca electricidad. Después descansó de tanto microtrajín y luego fue con Joy, un buen vendedor de computadoras.
—Oye Joy, necesito que me hagas un favor.
—¿Cuál? —contestó de mala manera.
—Ya conoces a tu jefe el Dr. IBeMazo, bueno, él me dijo que para poder curarme de electrovaricelious necesita del equipo completo, ¿nos podrías llevar a mi hogar y a mí al hospital Compucentro?
—Mmmm... pero... ¿Traes dinero? —preguntó Joy.
—No, ¿por qué?
—Entonces... ¡no!, porque no traes dinero.
—Eres un interesado, cuando vea a IBeMazo, te acusaré.
—No te creerá porque soy su técnico favorito. Al salir de allí, Sistemilla tuvo que recurrir a su tanque de emergencia para poder sobrevivir de aquel problema tan problemático, aunque él sabía que resistiría muy poco, (la electrovaricelious quita energía), así es que optó por trepar al tanque de gasolina (según esto el transformador) pero desafortunadamente no llegó a tiempo. Mientras él estaba desmayado, Don Julio César y Doña Cleopatra lo encontraron; lo llevaron al hospital Compucentro ¡con todo y su computadora!, claro está.
A la mañana siguiente se despertó; se quedó con la boca abierta del puritito susto: toda la computadora estaba desconectada. Ahí estaban sus dueños. Del otro lado estaban el Dr. IBeMan, el Dr. IBeMazo, el Dr. Applito y la Dra. Yenita. Al primer momento Sistemilla quedó sorprendido pero luego quedó aterrado al ver lo que le hacían a su pobre hogar: ¡la pobre tenía tubitos por todas partes y un marcavoltitos (¡es un aparato para medir la velocidad del electrocorazón!)
Sistemilla estaba tan asustado que por poco le da un paro electrocardíaco.
—Lo bueno es que lo hacen por tu bien —le dijo Doña Cleopatra...
—Porque el beneficio es para tu hogar y también para ti —interrumpió Don Julio César.
La dura labor de tan amables doctores duró una semana, ni más ni menos, la cual se pasó muy rápida: la computadora quedó mejor que nueva. ¿Y Sistemilla? ¡Ah! por poquito y le da un paro electrónico, se le revientan los circuitos del puro susto cuando le dijeron que lo tenían que operar.
Don Julio César y Doña Cleopatra lo tranquilizaron, ella le dijo así:
—No seas cobarde, tienes que aceptar que te enfermaste, ¿qué prefieres? ¿sufrir solamente un poquito o estar enfermo toda la vida?
Al fin Sistemilla se dejó operar. ¡Pobre de él! Le cambiaron tuercas, tornillos, clavos, vidrios, cables, circuitos, resortes y otros grandes detalles. En tres horas estaba listo para volver a trabajar.
—¿Qué pasó con Joy?
Sistemilla le dijo a IBeMazo, lo que hizo Joy y como Sistemilla estaba programado para no mentir, le creyó y sacó a patadas, escobazos y golpazos a Joy de IBM.
Pero... Sistemilla no quedó curado del todo ¿Por qué? Porque de tanto trajín se había introducido en él un nuevo espíritu viajero.
Don Julio César le dijo:
—Sistemilla, ese espíritu es solamente un sentimiento que los doctores no pueden curar, tú lo puedes aniquilar aunque te cueste trabajo. Y hasta ahora Sistemilla es la única computadora que tiene sentimientos y por eso puede ser feliz, es feliz y yo creo que feliz será...
Por Rafael Esteban Tello Cabrales


3. RICARDO CON CUERPO DE ELECTÍCIDAD


Ricardo Fernández Gamarra era un niño normal, hasta que un día tuvo ganas de comprar una goma de mascar. Cuando él estaba caminando hacia la tienda vio luces de muchos colores que salían de la casa del científico Pedro García Romero, aquellas luces se debían a las explosiones que sucedían en esa casa.
Ricardo se acercó a la ventana de esa casa, pero al acercarse sucedió otra explosión de esas de colores raros. Esa explosión hizo que su cuerpo fuera de color amarillo fosforescente.
Al llegar a la tienda vio que estaba cerrada y por eso regresó a su casa. Al regresar a su casa, su mamá le preguntó:
—¿Por qué tienes esa máscara, guantes, zapatos, pantalón y polo* fosforescente, si cuando saliste de la casa tenías otra ropa?
Ricardo respondió:
—No lo sé, fue todo tan extraño. Me dirigía a la bodega y vi una explosión verde, morada y amarilla y me sentí raro; después vi mi cuerpo fosforescente.
Un día Ricardo cogió el enchufe de su televisor y éste se prendió; así que comprendió que su cuerpo era de electricidad.
En los apagones, sus hermanos le pedían que agarrara el enchufe del televisor para que funcionara, pero él se sentía cansado de que siempre le hicieran lo mismo y por eso todos los días rezaba para volver a ser un niño normal.
Un día al salir de su casa a buscar minerales se le acercaron varios hombres que lo habían visto por la ventana y sabían que él era de electricidad.
Esos hombres eran secuestradores que lo querían secuestrar para venderlo a alguien que quisiera electricidad en los apagones, pero cuando lo agarraron se electrocutaron y Ricardo regresó a su casa.
Ricardo salió otra vez de su casa para seguir buscando minerales para su colección, pero algunos ladrones más astutos que también sabían que él era de electricidad, se vistieron con ropas de jebe** para no electrificarse y lo llevaron al escondite de la banda de secuestradores.
Ricardo agarró mucho papel y lo quemó, después se lo tiró a los ladrones y así pudo escapar.
En el camino para volver a su casa, pasó por aquella casa donde sucedió la explosión que lo transformó y se acercó a esa, ahí sucedió otra explosión de colores y él volvió a la normalidad.
Cuando llegó a su casa, contó toda su aventura y su familia se alegró porque él nuevamente era un niño normal.
Al día siguiente su hermana le pidió que prendiera una vela y él salió de su cuarto con una ropa amarilla fosforescente y prendió la vela.
Su hermana dijo:
—¡Oh no, has vuelto a ser de electricidad!
Ricardo dijo:
—¿Por qué lo dices?
Roxana, su hermana respondió:
—Por que estás brillando como chispa de electricidad y prendiste la vela con tu dedo.
Ricardo le dijo:
—Yo no estoy brillando, me puse ropa color amarillo fosforescente y no prendí la vela con mi dedo, lo hice con mi encendedor, que es del color de mi piel.
Roxana dijo:
—¡Felizmente!

*Polo : Camisa tipo sport de manga corta.
Jebe: América. Caucho, hule.
Por Paul Francis Escajadillo Lock


4. PREGUNTAS GUÍA


“¿Por qué la Luna no tiene luz?”
  • ¿Quisieran relatar algo que les haya pasado a ustedes o a alguien más que sea parecido a lo que el Sol le hizo a la Luna?

“La computadora que un día no pudo sumar”
  • ¿Qué hubiera pasado si "Sistemilla" no se hubiera dejado curar?, ¿cómo es la relación o contacto que ustedes tienen con la computadora?

“Ricardo con cuerpo de electricidad”**
  • ¿Qué harían ustedes si tuvieran un cuerpo con electricidad como el de Ricardo?