1. EL AERÓBICO


¿Cuál era su nombre?
No lo sé, jamás se supo ni de donde venía, ni para dónde iba.
Lo que sí se notaba —y desde bien lejos —era que algo le fallaba dentro de su cabeza.
Casi no hablaba, no se reía... Y no se bañaba.
Eso sí, caminaba, caminaba y caminaba, todos los días. Se le podía ver en la mañana en San Jacinto, y a medio día en la Mascota y en la tarde en Mexicanas, siempre caminando con la mirada perdida y sin rumbo fijo.
Una tarde tocaron el timbre de mi casa y al ver por la ventana, ¡quién lo diría! Allí estaba él pidiendo un par de zapatos aunque sea.
Le di un par de "bracos"* de color indefinido, se los puso como pudo y con una sonrisa digna de cualquier comercial de televisión cuando se alivian con algún remedio milagroso, se levantó y allí mismo empezó su identificación como: ¡¡El Aeróbico!!
En lugar de caminar, ahora comenzará a trotar como hacen las demás gentes en las mañanas por todos los rumbos de San Salvador y especialmente en las colonias distinguidas. Ni siquiera se llevó los zapatos que traía puestos, me los dejó de “recuerdo” y salió trotando.
Lo encontramos una semana después trotando en medio de la autopista, al llegar a la esquina donde hay un semáforo se detuvo, más bien lo detuvo otro sujeto que padecía el mismo mal y dijo:
—Mire usted, que zapatoj maj distinguidoj loj que jia puesto, con esoj creo que llegarj a la luna.
—¿Y por dónde se va a la luna? —preguntó el Aeróbico.
—Puej mire —le dijo el otro señalando hacia el sentido contrario, —se va por ejta calle recto... recto... recto.
Y así se quedó diciendo.
El Aeróbico dio media vuelta y comenzó a trotar hacia la luna recto... recto... recto.
De esto hace más de un año, no lo hemos vuelto a ver, yo creo que ya debe ir llegando.

*Bracos : Calzado.
Por Luz de María Alas R.



2. UNA NOCHE INOLVIDABLE.



Eran las doce de la noche cuando me disponía a dormir, llegué a mi cuarto, apagué la luz y salté sobre mi cama.
Al pasar las horas, mientras estaba profundamente dormido, sentí un cosquilleo en mis pies y de repente me senté en la cama para ver qué era. Cuál fue mi sorpresa al ver a mi lado un pequeño sombrerito rojo que parecía una barquilla boca arriba y que sobresalía entre las sábanas.
Asustado quise gritar, pero no pude. Al querer levantarme para salir corriendo, tiré de las sábanas y pude ver entre ellas a un pequeño hombrecito extrañamente vestido.
Traía puesto un traje verde con zapatos negros y hebillas doradas. Su cara era como la de Santa Claus, pero menos gordo, y su barba era blanca y muy larga.
Se veía que me tenía más miedo a mí que yo a él, por eso comprendí que no quería hacerme daño. Luego de observarnos mucho tiempo, él me preguntó:
—¿Cómo te llamas?
Yo le respondí:
— Me llamo Jonathan, ¿y tú?
—Merlín — me respondió
Yo le pregunté:
—¿Dónde vives y qué haces en mi cama?...
—Soy un duende y vengo del país de los sueños. Cada cien años uno de nosotros viene a visitar a un niño humano y a llevarlo al país de los sueños para que, a su regreso, cuente a sus amigos lo que vio. Así, todos desearán soñar con nosotros. Porque ahora con lo que sueñan los niños es con tortugas ninja, robots, guerras, soldados, etc. Eso lo único que hace es que tengan pesadillas.
Luego sacó de su bolsillo un polvo dorado y lo regó por toda la habitación. Cuando abrí los ojos me encontraba en un sitio extraño pero maravilloso, y le pregunté a Merlín en donde estábamos.
— Estamos en la tierra de los sueños, donde todos tus sueños se pueden hacer realidad — me contestó.
Había siete lunas en el cielo y hongos gigantes en la tierra. Había casas de dulce y montañas de chocolate. Había piscinas enormes, arco iris inmensos. Había tanta belleza que no podía describirla.
Merlín y yo corrimos y jugamos hasta que me cansé y me acosté debajo de un árbol. Luego vino una mariposa del tamaño de una casa y me arropó con la punta de sus alas.
Cuando oscureció, Merlín me dijo con cierta tristeza en sus ojos:
— Que descanses, Jonathan, sueña conmigo cuando quieras y no me olvides.
Tengo sed y me he despertado. Estoy en mi cama y mis luces están apagadas. ¡ Qué bello sueño he tenido! Iré pronto a beber agua para ver si puedo volver a soñarlo. ¡Pero que sorpresa! Al apartar las sábanas, ha caído al piso un sombrerito rojo como una barquilla boca arriba.
Por Jonathan Manuel Díaz Pérez



3. MI MEJOR SALTO


—Recuerda que hoy tenemos clase de gimnasia -me dijo Elisa, mientras se cogía su largo y rubio cabello y yo guardaba algunos cuadernos en el locker.
Elisa era una niña muy linda, sincera y dulce. En sus hermosos ojos azules se reflejaban toda la simpatía y picardía que llevaba dentro.
Elisa era, sin duda alguna, la alumna mas linda de nuestro curso. Ella y yo éramos amigas desde preparatorio*, nuestros gustos coincidían casi siempre, y uno de los más grandes era la gimnasia.
Salimos del salón y nos dirigimos a la cafetería, era casi imposible que hubiera paz en ese lugar. Era el sitio de reunión de todos los alumnos y justo ese día se encontraban en guerra de papeles. Era un gran espectáculo, papeles de todos colores y tamaños volaban de un lado para otro.
Elisa y yo éramos muy aficionadas a las guerras de papeles y en menos de medio minuto ya nos encontrábamos corriendo por la cafetería, subiéndonos a las mesas y tirando papeles. Pero la diversión tuvo su fin ya que después de quince emocionantes minutos sonó el timbre. Elisa y yo nos pusimos el uniforme de gimnasia. Me hice una cola de caballo en el pelo y nos fuimos al gimnasio. Allá estaban ya la mayoría de las niñas. Luego llegaron el profesor y los demás alumnos.
—Buenas tardes, queridísimas gimnastas. Empezaremos con nuestro calentamiento habitual, después trabajaremos un rato en las barras y al final ensayaremos las vueltas en el aire —dijo el entrenador al comienzo de la clase.
En las barras trabajamos muy poco, a lo que más tiempo le dedicamos fue a las vueltas en el aire.
Elisa fue la primera y no tuvo mucha suerte pues de las cinco vueltas que dio, sólo en una terminó en una forma diferente a la de caer de rodillas. Cayó sentada. Después siguieron unas cuatro niñas y después yo. Todo era perfecto, la velocidad fue lo mejor, corrí con todas mis fuerzas, salté en el momento y lugar preciso. Mientras daba la vuelta sentí que volaba por los cielos, mas allá del horizonte.
Caí perfectamente, era la mejor vuelta en el aire que había hecho en toda mi vida. Estaba tan feliz que no abrí los ojos, me quedé con los brazos en alto esperando los aplausos del entrenador y de mis amigas. Esperaba que Elisa llegara corriendo a abrazarme y felicitarme, pero nadie venía, todos se habían quedado en sus lugares, así que decidí abrir los ojos... pero, no se habían quedado en sus lugares ... ¡ Se habían marchado!
De repente un fuerte viento me tumbó al suelo. Permanecí allí acostada cerca de veinte segundos. Cuando me levanté me di cuenta que estaba toda llena de arena, me sacudí las manos y me levanté. Mis piernas estaban llenas de arena también. Otro fuerte viento me sacudió, pero esta vez no me caí. El viento hizo que la arena volara y chuzara** mi cuerpo como si fueran alfileres.
Sentí cientos de alfileres clavándose en mi cuerpo, hacía mucho calor. El sol brillaba orgulloso en el cielo. Entonces sentí una desesperación inmensa pues me di cuenta de que estaba en medio de un desierto.
El sol brillaba en lo alto, al frente mío había sólo arena, a mis espaldas sólo había arena, a mi derecha arena y a mi izquierda arena. Tuve deseos de gritar pero mi garganta estaba seca. Caí de rodillas en la arena, me tapé la cara con las manos. Cuando me destapé la cara, mis manos estaban mojadas, estaba llorando.
Empecé a caminar, caminé mas o menos una hora y media. Pero no pude más, mis piernas me exigían descansar y mi garganta no aguantaba más. No tenía fuerzas. La cara me sudaba sin parar, mi cuerpo estaba completamente rojo. Entonces fue cuando oí un lejano pero alentador sonido. El viento soplaba fuertemente pero a pesar de eso podía escuchar el sonido que poco a poco se fue haciendo más cercano.
Vi cuatro hombres sentados en sus camellos. Los cuatro llevaban pantalones cortos con flores rojas, camisas de manga larga y colores vistosos. Dos de ellos llevaban sombreros de torero y los otros, sombreros de vaquero.
— Buenas mañanas —me dijo uno de ellos
—¿Que te trae por aquí pequeñuela?
— No sé ... estaba en el... —empecé a decir —pero pensé que si les decía todo lo de la clase de gimnasia pensarían que estaba loca, así que dije: — ¡En el desierto!
— Estabas y estás —me dijo otro —Así es, ¡que inteligente!
Los cuatro me miraron y sonrieron. Les pregunte si podían ayudarme a salir de ese no deseado lugar y esto fue lo que me contestaron:
—Hemos venido al desierto para cumplir una misión, ¿por qué no vienes con nosotros?
Entonces decidí quedarme con ellos y de verdad fueron gratos momentos los que compartimos.
Después de decidir que me iba con ellos, supe sus nombres. Eran: Timoty, Pífano, Espurul y Cancarol. Timoty era el menor y el más alegre. Le gustaban las sorpresas y las noches de luna llena. Pífano y Espurul eran hermanos. Pífano era muy serio, era tuerto y calvo. Pero usaba una peluca roja que le lucía mucho. Era aficionado a los días de vientos fuertes y llevaba siempre en el bolsillo de su camisa a su hámster: Pirú Espurul era tranquilo y generoso. Amaba a su camello Espirol. Cancarol era el mayor pero el mas miedoso. Le tenía miedo a la luna y a la noche, y su mejor amiga era su camisa: Lucklie.
Eran personajes muy extraños, pero aún así yo les tomé mucho afecto.
Mientras caminábamos juntos yo me preguntaba:
—¿Cuál será esa misión tan importante que une a estos personajes tan extraños? Al principio no les tenía confianza y por eso no pregunte. Decían cosas muy graciosas y durante la larga cabalgata no hacían otra cosa más que cantar. De veras la pasábamos muy bien.
Una noche nos cubrimos con arena y ellos me revelaron su misión.
—Estamos cansados de la ciudad, del ruido, de la contaminación, del gentío por las calles. Por eso hemos venido, para pensar sobre todo esto y como encontrar una solución. Además para descansar, dijo Timoty.
—Sus intenciones son buenas pero extrañas.
—Por que no descansar en el campo —pregunté.
—Toda la gente va a descansar en el campo, nosotros queríamos algo diferente contestó Pífano.
—Ahora a dormir —ordenó Espurul.
A la mañana siguiente despertamos y empezamos a caminar como en busca de algo.
—¿Qué hacemos? —pregunté.
— Nada —contestó Cancarol.
—¿A dónde vamos? —pregunté.
—A ningún lado, no ves que todo seguirá siendo arena —contestó Cancarol.
— Entonces, ¿para que caminamos, sólo para cansarnos? —pregunté.
—No, para pensar, contestó secamente Espurul.
Sentí que les molestaba y decidí callarme. Después de una hora Timoty cogió mi mano y dijo:
—Eres pequeña e inocente y no te das cuenta para qué hacemos ésto. Lo mejor es que tomes tu camino y te dirijas a donde ibas.
— No tengo camino, Timoty —dije.
—Pues has de encontrarlo. Adiós pequeña, que tengas mucha suerte —dijo Espurul.
—!Adiós y gracias amigos! —Grité.
Era poco lo que habíamos recorrido, pero los quería mucho. La vista se me nubló un poco y cuando me limpie los ojos, me vi en un cuarto todo blanco. Las paredes eran blancas, tenía puesta una bata blanca, estaba acostada y cubierta por una sábana blanca. Mi pierna derecha estaba enyesada y colgaba de una cuerda atada al techo. Tenía un tubo en la nariz y en el brazo una inyección de suero.
De repente la puerta se abrió y entraron mis padres y una enfermera. En ese momento me di cuenta de que mientras realizaba mi salto había caído y me había golpeado fuertemente. Les sonreí a mis padres y me dijeron:
—Iremos de vacaciones cuando salgas de aquí. ¿A dónde quieres ir?
—¡Al desierto! —contesté.

*Preparatorio: Cursos que se imparten durante el verano.
Chuzar : Colombia. Punzar, pinchar, herir.
Por Olga Martín M.



4. PREGUNTAS GUÍA


“El aeróbico”
  • ¿Cómo se les ocurre que es el aeróbico con sus distintas características físicas, de personalidad, familiares, sociales y económicas?
  • Describan con todos los detalles posibles ¿Cómo es ese camino recto... recto... recto... que va hacia la Luna?

“Una noche inolvidable”
  • ¿Quisieran contar alguno de sus sueños?
  • Inventen para qué Merlín le mostró a Jonathan la tierra de los sueños.

“Mi mejor salto”**
  • ¿Cómo sería una aventura de su equipo en el desierto?