PROPUESTAS PARA EL DESARROLLO DE LAS
COMPETENCIAS EDUCATIVAS BÁSICAS

INTRODUCCIÓN

La formulación explícita de determinadas competencias básicas que deben
alcanzar todos los alumnos en la enseñanza obligatoria constituye el más
importante consenso alcanzado por todos los países de la Unión Europea en
materia educativa. Se trata de una meta compartida y de unas capacidades
acordadas, unánimemente, por todos los países que la integran. Su aplicación
puede constituir, además, un revulsivo para la educación básica.
Esta orientación de la enseñanza a la adquisición de las competencias
básicas por el alumnado implica cambios en el sistema educativo y en la cultura de
los centros que deben llevarse a cabo de manera paulatina y ordenada. El cambio
afecta tanto a los contenidos curriculares como a los propios objetivos y a la
organización y el funcionamiento de los centros, la participación, la acción
tutorial,… y va unido a la innovación escolar, la evaluación y la experimentación,
en un contexto de nuevas decisiones y cambios organizativos en el sistema escolar.
Por otra parte, las emociones influyen en todas las acciones de los
individuos, están conectadas en todo momento con la racionalidad y son, entre
otras aportaciones, un impulso para la acción. Las evidencias sobre la función de
las emociones que aporta la investigación científica obligan a tomarlas en
consideración en el marco de las competencias básicas. Así, la educación emocional
deberá acompañar a la educación intelectual y a la adquisición de habilidades
prácticas, porque la integración de pensamiento, emoción y acción es la base del
desarrollo personal, social y del aprendizaje. En este campo, se hacen visibles las
coincidencias en los objetivos educativos de la familia y la escuela, y se abre la
puerta a una colaboración más efectiva.
Otro tanto cabe decir de las competencias relacionadas con el desarrollo
físico (hábitos saludables, deportes, etc.) que constituyen un aspecto básico en la
formación integral de las personas.
En todo este proceso, el papel de los consejos escolares es el de estimular, en
la medida de sus competencias, la aplicación metódica y gradual de esta
innovación para garantizar su incorporación efectiva a la práctica educativa de los
centros. Para ello, los Consejos escolares instan a las Administraciones a que
asuman de una forma decidida el desarrollo de las competencias educativas básicas e incorporen los consiguientes indicadores que permitan su evaluación,
reservándose a los consejos escolares un papel activo en la fase de aprobación y
seguimiento de este plan.
A continuación se exponen una serie de recomendaciones específicas que
esa planificación debería contemplar en relación al currículo, el profesorado, los
centros escolares y los agentes sociales implicados.

1. EL CURRÍCULO Y LOS PROCESOS DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE

La inclusión de las competencias básicas como un nuevo componente del
currículo y como referente específico para la evaluación afecta al trabajo educativo
en todos sus ámbitos y refuerza la orientación de la enseñanza obligatoria hacia la
formación de personas autónomas, capaces de acometer tareas complejas, de tomar decisiones informadas sobre su propia vida y de participar en la vida social y
ciudadana. Como consecuencia, el nuevo planteamiento obliga a las
Administraciones educativas a adoptar una serie de medidas:

Completar el actual desarrollo legislativo del marco de las competencias
educativas básicas (CEB) en tres direcciones: mejorar la integración de las
competencias en el conjunto de elementos que configuran el currículo, explicitar
las relaciones entre las distintas áreas de conocimiento facilitando su
tratamiento interdisciplinar, y establecer los niveles de las competencias
educativas básicas en cada etapa educativa. Se trata de percibir las
competencias básicas no como un añadido, sino como integrantes de la
estructura curricular para que, en la práctica, sean el referente de la evaluación
y la promoción del alumnado.
Promover programas y planes que ayuden a los centros, al profesorado y a la
comunidad educativa a orientar la enseñanza obligatoria hacia la adquisición
de las competencias básicas por el alumnado desde todas las áreas del
currículo. En estos planes se atenderá la promoción e incorporación de nuevas
prácticas y metodologías, reforzando, en todo caso, las prácticas educativas
actuales que ya han demostrado su eficacia.
Promover metodologías que favorezcan el aprendizaje de las competencias
básicas, con un adecuado enfoque didáctico del currículo, que contemple
aspectos académicos y funcionales teniendo en cuenta su aplicabilidad en
distintos contextos
Contribuir con la comunidad escolar en la adquisición de una nueva cultura de
la evaluación centrada en la valoración del nivel de competencia que alcanzan
los alumnos y alumnas en situaciones prácticas ―reales o simuladas― en las
que han de aplicar sus conocimientos y recursos, en la línea de las evaluaciones
internacionales PISA y PIRLS.
Las evaluaciones de diagnóstico han de ser coherentes con esta forma de
evaluar, con el fin de que sus resultados contribuyan a la mejora de las
prácticas escolares y del sistema en su conjunto, sin perder de vista que el
modelo de evaluación de ciertas competencias está aún sin desarrollar.
En las evaluaciones de diagnóstico, las administraciones educativas habrán de
tomar en consideración el conjunto de elementos característicos del alumnado y
los objetivos del centro, y se resaltará el valor añadido que los centros aportan a
los alumnos, especialmente a los que tienen más necesidades.
Dentro de esta nueva cultura de la evaluación, se reforzará el seguimiento
continuado de cada alumno y alumna, con planes de recuperación ajustados e
información más completa a la familia, con lo que se verá favorecido el
tratamiento de la diversidad y la inclusión.
Entre las actuaciones a llevar a cabo se encuentran: investigar sobre el
establecimiento de los niveles de las competencias y los criterios de evaluación;
diseñar protocolos para la evaluación, la calificación y la promoción; y difundir
prácticas de evaluación formativa, incluida la autoevaluación del alumnado.

2. EL PROFESORADO

La inclusión de las competencias básicas en la educación escolar plantea
también al profesorado requisitos singulares, principalmente la necesidad
imperiosa de que se incorpore a la formación inicial y continua del profesorado la
capacitación teórica y práctica adecuada. Con el fin de solventar las dificultades
que estos cambios pudieran provocar en algunos sectores del profesorado, se
establecerán los estímulos y apoyos pertinentes para que puedan acometer con
ilusión y confianza las nuevas funciones y tareas que el desarrollo de las
competencias básicas conlleva: enseñar a aprender, favorecer el deseo de saber;
enseñar a autogestionar el conocimiento, educar en los valores y principios éticos
de una sociedad democrática, cuidar el estado emocional del alumnado, trabajar en equipo, establecer relaciones de colaboración con las familias e interactuar con el resto de los componentes de la Comunidad Educativa.
Tanto en la formación inicial como, sobre todo, en el ámbito de la formación
permanente, se han de procurar completar las prácticas educativas y didácticas
actuales, comenzando por afianzar y reforzar todas aquellas experiencias que sean coherentes con el nuevo enfoque del currículo. Las medidas recomendadas en este punto son:
Desarrollar las competencias personales (conocimiento de sí mismo,
autoestima, equilibrio y autorregulación de sus emociones, asertividad
positiva…), las competencias sociales (para la comunicación, el diálogo, la
cooperación,…) y las profesionales (creatividad, espíritu emprendedor,…).
Incluir en la formación inicial del profesorado las competencias profesionales,
y, con este fin, favorecer una estructura del currículo universitario integradora
e interdisciplinar, que involucre a todos los agentes educativos que resulten
necesarios para alcanzar cada una de las competencias.
Organizar el prácticum como un elemento clave de los planes de estudio,
integrado en el currículum, con presencia distribuida en la mayor parte de los
cursos que compongan los planes, y que dicho prácticum mantenga una
relación directa con los aspectos curriculares y con las necesidades de la
profesión. Los distintos agentes responsables del funcionamiento del prácticum
velarán por el reconocimiento de su importancia.
Los contenidos de la formación deberán incluir la metodología y las técnicas de
trabajo en grupo, las estrategias de participación con el profesorado, el
alumnado y las familias, así como la evaluación del alumnado y de la práctica
docente.
Contemplar igualmente, en los criterios de acceso al ejercicio de la docencia, los
cambios necesarios para que la práctica educativa se dirija al desarrollo efectivo
de las competencias básicas.
Facilitar al profesorado la realización de cursos de postgrado y actividades de
formación relacionadas con la especialización, la actualización pedagógica, la
organización escolar y con los cambios sociales que inciden directamente en la
evolución psicológica del alumnado.
Potenciar la evaluación de la práctica formativa manteniendo el respeto a los
principios de igualdad, mérito y capacidad, y para ello, que el periodo de
prácticas sea realmente evaluable.
Poner en marcha un plan de tutorización del profesorado novel que implique
un apoyo efectivo de los centros educativos a los docentes que inician su
andadura profesional, una oferta de formación y estímulos para el profesorado
experimentado que realice la tarea de tutor y, para el profesorado novel,
facilidades para participar en procesos de asesoramiento dentro y fuera del
centro, y una evaluación justa del trabajo realizado que sirva como mérito en la
carrera profesional.
Tanto en el practicum de la formación inicial como en la tutorización del
profesorado novel, las Administraciones educativas desarrollarán sistemas de
coordinación entre las entidades universitarias responsables de los procesos
formativos y los centros educativos donde desarrollan su actividad.
Orientar la formación permanente del profesorado principalmente hacia la
reflexión y el trabajo compartido en el centro, a partir de los problemas que el
profesorado identifica, con objeto de ir aplicando progresivamente un currículo
basado en el desarrollo de competencias, tomando como punto de partida los
ámbitos de los que ya se dispone de un conocimiento fundado. Es necesario que
el profesorado conozca y experimente las metodologías didácticas que
favorecen el desarrollo de las competencias educativas básicas, para lo cual
debe contar con el asesoramiento y los recursos necesarios.
Conviene que los centros educativos desarrollen su Plan de Formación que
incluya los itinerarios formativos de cada docente, lo que permite adaptar las
modalidades, estrategias, contenido y temporalización de la formación a las
características del profesorado y a las necesidades variables del centro.
Se constituirán grupos de docentes especializados en la formación de otros
docentes, con reducción parcial de la docencia habitual.
Las instituciones y servicios de formación, innovación y asesoramiento del
profesorado orientarán su labor a motivar al profesorado y a capacitarlo para
los procesos de cambio y mejora educativa.
• Planificar y desarrollar la evaluación de la práctica docente en el marco de la
nueva cultura de la evaluación, como una vía de mejora de las competencias
profesionales del profesorado, y a este fin sensibilizar al profesorado y capacitar
a la Inspección Educativa y a las direcciones escolares como agentes de dicha
evaluación.

3. LOS CENTROS ESCOLARES

La autonomía pedagógica, organizativa y de gestión que las leyes
educativas reconocen a los centros escolares favorece que la organización y
funcionamiento de los centros faciliten el desarrollo de las competencias básicas a
todo su alumnado, tal como plantean los Decretos de mínimos. Al mismo tiempo,
esa autonomía exige la participación de todos los agentes en orden a detectar las
necesidades del entorno y las características del centro y propiciar que los
aprendizajes respondan a esas necesidades.
Para ello, conviene que los centros educativos, en el uso de su autonomía,
adopten medidas orientadas a:

Revisar o definir, en su caso, el Proyecto Educativo y el Reglamento de
Organización y Funcionamiento para que la actividad didáctica y la
convivencia escolar faciliten la adquisición de las competencias básicas.
Enfatizar las competencias básicas más relevantes en el centro, de acuerdo con
la realidad de su alumnado y su entorno como referentes fundamentales de los
proyectos del centro, la programación de las áreas o materias y la práctica
docente.
Compaginar el respeto a la autonomía del profesorado en la docencia con su
vinculación al Proyecto del centro y su obligación de participar en el trabajo de
equipo, asumir los compromisos acordados y colaborar en las acciones y planes
generales.

Con el mismo objetivo, se recomienda a las Administraciones educativas:
Dotar a los centros educativos de los recursos necesarios y aumentar su
capacidad de decisión en la gestión del proyecto educativo.
Favorecer e incentivar a los centros que realicen innovaciones y facilitar la
gestión descentralizada.
Reforzar la dirección de los centros, sus funciones y condiciones profesionales,
para que ejerzan el liderazgo pedagógico en el desarrollo de los proyectos y en
la mejora de los resultados.
En los procesos de enseñanza‐aprendizaje de las competencias básicas,
especialmente las relativas a la autonomía e iniciativa personal y las referidas al
conocimiento e interacción con el mundo físico, la competencia social y ciudadana
y la comunicación lingüística, resulta más necesaria la comunicación entre el
profesorado y el alumnado y la participación de todos los agentes de la comunidad
educativa.
Las competencias básicas son un instrumento propicio para enriquecer los
cauces de relación con las familias: el desarrollo de las competencias básicas pone en marcha el conjunto de las dimensiones de la persona, y cobran especial
importancia las dimensiones más estables y relevantes para la vida, como son las
emocionales y las comunicativas, por encima de las meramente academicistas. El
marco familiar y el contexto social proporcionan una fuente inagotable de
posibilidades de aprendizaje, y su intervención beneficia la dinámica e incrementa
los recursos del centro educativo.
En consecuencia, resulta básico estimular la participación de los padres en la
vida escolar de los hijos para, de esta manera, garantizar una línea de intervención
compartida entre ambas instituciones que favorezca el equilibrio personal y la
interiorización de los aprendizajes. Con este fin, el centro debe facilitar espacios de
encuentro y reflexión para orientar y compartir situaciones de aprendizaje del
alumnado, y potenciar la función tutorial con los padres.
Las administraciones educativas favorecerán la colaboración de las familias
con los centros educativos siguiendo tres ejes de actuación:

Información y comunicación, a través de las siguientes medidas: Incluir en los
proyectos educativos los medios que garanticen la comunicación entre el centro
y las familias, potenciar los planes de acción tutorial, y establecer los
procedimientos de acogida al alumnado inmigrante y a sus familias. A lo largo
de toda la escolarización, en el seguimiento conjunto de la evolución del
alumnado, se reforzarán los vínculos entre la escuela y las familias que faciliten
la continuidad de las acciones formativas de una y otras.
Participación y gestión: Impulsar la actividad de las asociaciones de padres y
madres, y la participación de las familias en los centros, a través de campañas
de sensibilización, dotando económicamente los proyectos que la promuevan, y
abriendo el centro a las familias, ofreciendo sus instalaciones. Igualmente, las
administraciones educativas impulsarán la participación de las familias en la
elaboración y revisión de los documentos institucionales (Proyecto educativo,
Reglamento de Organización y Funcionamiento,…), pues con este tipo de
actuaciones se fomenta, no sólo la identificación de todos los colectivos de la
comunidad educativa con los Proyectos del Centro, sino también el sentido de
pertenencia al mismo. Finalmente, se impulsará la participación de los padres
en los órganos de gestión y gobierno del centro.
Formación: Estimular la creación y la participación en escuelas de padres y
madres, así como elaborar y publicar materiales de apoyo con orientaciones
para las familias.
Los centros educativos adaptarán su organización con vistas a favorecer la
participación del alumnado en tres campos: la gestión y mejora de la convivencia
(consenso sobre las normas, resolución de los conflictos, formación para la
participación, acogida de nuevos alumnos…), el proceso de enseñanza‐aprendizaje
(programación, desarrollo y evaluación), y la corresponsabilidad sobre ciertas
actividades escolares y extracurriculares.
En orden a orientar la organización de los centros en la dirección del nuevo
currículo, procede:
Mejorar las estructuras organizativas y los procedimientos de dirección y
gestión que aseguren la puesta en práctica del Proyecto Educativo y de la
programación curricular del centro, y revitalicen las funciones de los Consejos
Escolares y de los Claustros.
Fortalecer la coordinación del profesorado ―imprescindible para el trabajo en
competencias básicas― apoyando desde la Administración y desde la dirección
del centro la innovación educativa y el trabajo en equipo, y realizar la
evaluación de los resultados y de los procesos. Se fomentará igualmente la
participación en redes de centros con proyectos conjuntos o comunes
orientados a la adquisición y desarrollo de las CEB.
Reconocer a los centros, en el marco de su autonomía, la capacidad para
gestionar los distintos elementos organizativos que les permita adaptarse a esta
nueva exigencia del currículo.
Para desarrollar los objetivos curriculares y organizativos, los centros
educativos han de disponer de los recursos humanos, didácticos, de equipamiento
y económicos necesarios para hacer frente a las problemáticas educativas asociadas al tipo de alumnos que escolarizan. Con este fin, se plantean tres propuestas:
Analizar las funciones de las nuevas figuras profesionales que progresivamente
se van incorporando, con el fin de asegurar la coordinación tanto interna al
centro, como con otros servicios de apoyo (sanitarios, sociales y culturales).
Asegurar que todos los centros cuenten con los espacios, instalaciones
(biblioteca de centro y de aula, laboratorios, talleres…) y equipamientos
adecuados para el trabajo del profesorado y para las actividades didácticas.
Crear, recopilar y poner a disposición de los centros materiales de validez
contrastada, en distintos soportes, así como modelos y ejemplificaciones de
proyectos interdisciplinares y de pruebas de evaluación.

4. AGENTES SOCIALES IMPLICADOS EN LA EDUCACIÓN

En la adquisición y desarrollo de las competencias básicas, intervienen tanto
las instituciones educativas como la familia, el medio social cercano y los medios de comunicación. La escuela ha de tener en cuenta ese contexto de agentes educativos diversos integrando los distintos aprendizajes y dirigiéndolos a la consecución por todos los individuos de los niveles de competencia que se establezcan. Con esta finalidad, se plantean las siguientes medidas:

Facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral, así como impulsar políticas
de atención a las familias, especialmente en medios sociales desfavorecidos, que
garanticen un adecuado desarrollo de las competencias lingüísticas y
emocionales en la primera infancia.
Tener en cuenta la multiculturalidad, y el valor de la interculturalidad, con el
fin de lograr una convivencia positiva.
Implicar a la comunidad educativa en la comunidad social, y para ello:
o Establecer cauces de participación e impulsar proyectos culturales con
ayuntamientos y otras instituciones (asociaciones vecinales, entidades que
trabajan con colectivos de inmigrantes, empresas, Universidades, ONGs…),
potenciando el trabajo de educadores sociales y mediadores culturales en
relación con el alumnado y sus familias.
o Vincular el Proyecto Educativo del centro al Proyecto Comunitario, donde
exista, con intervención de los agentes presentes en el territorio y la
participación activa del alumnado.
o Coordinar las actuaciones de los diferentes agentes e instituciones sociales y
educativas del entorno, impulsando el desarrollo de las competencias en las
actividades extraescolares y de ocio.
Prestar una atención especial a la competencia relativa al tratamiento de la
información y la competencia digital. Los medios de comunicación e Internet
influyen de forma importante en la configuración de la personalidad de los
niños y adolescentes, y constituyen recursos formativos que la escuela tiene que
saber aprovechar rutinariamente. En este sentido, es preciso impulsar y
desarrollar iniciativas en colaboración con las familias y, eventualmente, con los
propios medios de comunicación, dirigidas a analizar su influencia en el
alumnado y a que se usen de forma eficiente, crítica y responsable.